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La verdadera amistad

  • 1 jun 2015
  • 8 Min. de lectura

En un lejano campo nació un pequeño e indefenso árbol, durante mucho tiempo permaneció solitario, sin nadie que lo acompañara o compartiera con él; cada día era más insignificante para el árbol, se la pasaba triste, buscando una explicación del porqué de su soledad, suplicaba que llegara alguien para que lo acompañara y ya no sentirse triste.

  • Por qué estoy tan solo –se preguntaba a sí mismo.

  • Por qué la vida es tan cruel –continuaba.

Nadie le respondía sus inquietudes y cada día le resultaba más solitario que el anterior, entristecía, sentía que moría lentamente.

¡De pronto! En uno de esos solitarios días sintió que algo extraño caía sobre su cuerpo y lo humedecía cada vez más.

  • ¿Qué pasa? ¿Qué es esto? –decía el árbol.

  • Soy yo, la lluvia –contestó una voz tierna pero a la vez potente.

  • ¿Lluvia? ¿Quién eres? ¿Qué quieres? –preguntó el árbol.

  • He venido a acompañarte para que ya no estés triste y solo –contestó la voz.

El árbol no sabía qué o quién era la lluvia, pensó que quería hacerle daño y no le aceptaba su compañía, no le agradaba la humedad de sus gotas, pero la lluvia cada día insistía e insistía con su fresco rocío que dejaba caer sobre él árbol; éste a pesar de su desagrado hacia la lluvia, comenzó a sentirse menos solo y poco a poco fue cambiando sus sentimientos hacia ella, pasaron los días hasta que se hicieron grandes amigos, jugaban y se divertían mucho; cada mañana la lluvia rociaba a su amigo el árbol y éste disfrutaba del rocío.

Un día el árbol notó que de sus ramas brotaban verdes hojas, al principio no entendía el porqué, pero pronto comprendió que esto era provocado por su amiga la lluvia, él la quiso aún más, siempre estaba ansioso por verla y ella sentía lo mismo hacia él, eran muy felices juntos, prometieron ser amigos para toda la vida y así continuaron día tras día.

Una mañana, como otras anteriores, el árbol despertó ansioso por recibir las gotas que su amiga rociaba sobre él, pero ésta nunca apareció, buscó por todos lados y ella no estaba, había abandonado al pobre árbol, este entristeció, lloraba todas las mañanas extrañando y clamando a su amiga.

Un día sintió que algo extraño le quemaba su corteza, pasaban los minutos y la temperatura más y más, no había explicación para aquel suceso; de pronto el árbol miró al cielo buscando a su amiga para que le ayudara pero ésta no apareció, clamó por ella, gritó su nombre, suplicó para que apareciera.

  • ¿Lluvia dónde estás? –decía el indefenso árbol.

Pero nadie le contestaba y su amiga nunca apareció. Pasaban los minutos y el pequeño árbol sentía cada vez más temor de lo que podría sucederle, quiso ocultarse pero la temperatura siempre lo alcanzaba. ¡De repente! Se escuchó una risa y una voz muy grave que le decía:

  • La lluvia no te escucha, yo la oculté, ella ya no volverá.

  • ¿Qué? Eso no es posible, prometió estar conmigo toda la vida –dijo el árbol, aun guardando esperanza de que ella lo ayudaría.

  • ¡No, no volverá jamás! –contestó la grave voz.

  • ¡Sí lo hará! –exclamó el pequeño.

La voz grave sólo reía intensamente, parecía que se burlaba de todo; se sentía un ser superior, creía que todo lo que sucedía era gracias a él y que no existía alguien que le igualara en poder.

  • Y tú… ¿Quién eres? –preguntó molesto el árbol.

  • Yo soy el ser más poderoso del universo –le contestó la voz.

  • ¿Y cómo te llamas?

  • Soy el sol, y si me juras lealtad prometo convertirte en un árbol muy fuerte –dijo el sol.

  • No puedo prometer lealtad a quien me quitó a mi mejor amiga –exclamó el árbol.

El sol se quedó pensando un momento y agregó:

  • Si me eres leal, prometo hacerte muy fuerte y devolverte a tu amiga.

  • Está bien –dijo el pequeño- Te seré leal, pero dame tu palabra de que me devolverás la lluvia.

  • Mi palabra está dada –dijo finalmente el sol- Si me eres leal, la lluvia te será devuelta.

El árbol se puso muy feliz, no le preocupaba ser fuerte, él sólo quería que su amiga pronto retornara, jamás imaginó las intenciones verdaderas del sol.

Pasaban los días y el pequeño seguía siendo leal al sol, este lo compensaba iluminándolo y nutriéndolo con sus poderosos y ardientes rayos, esto lo hacía para demostrar que era muy poderoso, no así para ayudar al árbol; al principio el pequeño se sentía muy bien, fuerte, animado, con la grata ilusión de que la lluvia pronto volvería a rociarlo con sus frescas gotas.

Con el tiempo, el árbol se fue debilitando, los rayos del sol lo quemaban intensamente, sus hojas se marchitaban y rápidamente caían, su corteza se agrietaba hasta lo más profundo. No comprendía que sucedía, el sol le había prometido convertirlo en un árbol muy fuerte y aunque esto último no le importaba, cada día se daba cuenta que se debilitaba más y por si fuera poco, no le había devuelto la lluvia, que era lo que más anhelaba; decidió hablar con el sol y exigirle que cumpliera su promesa.

  • ¿Por qué no has cumplido lo que prometiste? –le dijo al sol- Te he sido leal todo este tiempo y tú no me has cumplido, estoy cada vez más débil y la lluvia no regresa. ¡Cúmpleme aquello que me prometiste!

  • Pronto lo cumpliré –contestó el sol con tono burlón- Cuando menos lo esperes serás muy fuerte y la lluvia volverá.

  • Espero que así sea –le dijo el árbol.

El sol continuó presumiendo de ser el más fuerte, iluminaba y abrasaba al árbol cada vez con mayor intensidad, el pequeño lo soportaba porque conservaba la esperanza que la lluvia pronto regresaría, pero nunca llegaba ese día.

Un día el sol radiaba menos de lo normal, el árbol se sentía tranquilo y entusiasmado, pensaba que el sol estaba liberando la lluvia, al fin estarían juntos nuevamente.

Comenzó a sentir un mínimo cosquilleo sobre su corteza, se sentía agradable; sin embargo, conforme pasaban las horas ese cosquilleo era más fuerte hasta convertirse en algo insoportable, no sabía qué sucedía, sus hojas volaron hasta no quedar ni una sola sobre sus ramas, tenía miedo, ahora no entendía lo que le sucedía, llamó a la lluvia y ésta no respondió, llamó al sol y éste tampoco dio respuesta alguna.

El sol cada vez se ocultaba más, su poder fue opacado por otro muy poderoso; el árbol, engañado por el sol, se lamentaba profundamente, no podía creer que había sido burlado por un ser que solamente presumía de ser el más poderoso y que desapareció al ver que otro poder surgió.

Sin saber de qué o de quién se trataba, el árbol preguntó:

  • ¿Qué sucede? ¿Quién eres? ¿Por qué arrebataste mis hojas?

  • Yo soy el viento –le respondieron.

  • ¿Qué quieres?

  • Soy el ser más poderoso del universo, quiero que me seas leal solamente a mí.

  • ¡Jamás! –dijo el árbol- Me engañaras como lo hizo el sol.

  • ¡Si no me eres leal tendrás que soportar mi furia! –dijo molesto el viento.

  • ¡Vete! No me agradas –dijo muy molesto el árbol.

El viento se molestó mucho y atacó poderosamente al árbol, éste soportó todas las inclemencias día tras día, siempre conservaba la esperanza de que su amiga la lluvia regresaría a ayudarle. El viento demostraba su poder y el árbol su fortaleza; así pasaron los días, el viento se cansó y se alejó poco a poco, el árbol continuaba firme después de haber batallado tanto tiempo contra las inclemencias que le acontecieron.

Una mañana el árbol sintió un pequeño rocío, se entusiasmó mucho, la lluvia había vuelto. Pero había algo que no lo convencía, el rocío era demasiado frío. No eran gotas de agua, mas bien parecían pequeñas bolitas blancas y sólidas que no se deslizaban sobre su corteza, al contrario, se quedaban sobre él, enfriándolo cada vez más; al igual que todo lo que le había sucedido, esto le parecía muy extraño.

  • ¿Qué es esto, qué sucede? –se preguntaba.

Continuó cayendo el frío y blanco rocío hasta que casi cubrió al árbol en su totalidad, él sintió miedo y creía que se lo quería comer, pidió ayuda a la lluvia pero fue inútil ya que ésta no aparecía.

  • ¿Quién está ocasionando esto? –preguntó el árbol.

Una dulce voz le contestó:

  • Yo… mi nombre es nieve y quiero ser tu amiga al igual que la lluvia.

  • ¡Conoces a la lluvia! –exclamó el árbol.

  • Sí –respondió la nieve- ella pronto regresará, por el momento yo estaré a tu lado acompañándote.

  • Pero… ¿Por qué no viene la lluvia? La extraño mucho, ella es mi mejor amiga.

  • Te repito, ella pronto regresará.

  • Está bien –dijo esperanzado el árbol.

Conforme pasaban los días la nieve era más fría, el árbol le había tomado aprecio pero sentía que se debilitaba aún más; no tenía ninguna hoja sobre sus ramas y su lugar se encontraba cubierto por la nieve, no la culpaba de su debilitamiento, en su lugar se lo atribuía a las inclemencias que con el sol y el viento vivió.

Pasó un tiempo y la nieve fue desapareciendo, el árbol entristeció debido al cariño que le tomó, ya que ésta fue la única –junto con la lluvia- que no le pidió nada a cambio mas que su amistad, finalmente la nieve desapareció totalmente, no sin antes informarle al árbol que la lluvia pronto regresaría.

Nuevamente el pequeño quedó solitario, se preguntaba por qué estaba solo, sin nadie que lo acompañara. Extrañaba a la lluvia, lloraba, se sentía morir poco a poco, perdió las esperanzas de volver a ver a la lluvia.

Después de un corto tiempo el árbol sintió un rocío fresco el cual ignoró completamente, estaba tan triste, tan solitario, tan desilusionado, que no se percató de ello.

  • Psss –se escuchó.

El árbol lo ignoró, creyendo que era producto de su imaginación o peor, que era otro ser cruel que quería promesas de lealtad a cambio de nada.

  • Psss, soy la lluvia, te extrañé mucho –le dijeron.

El seguía ignorándolo, había recibido tanta desilusión, humillación y engaño que no quería saber nada.

La lluvia al ver que la ignoraba envió un tifón de agua que dejó caer directamente sobre el árbol, éste al sentir aquello reaccionó de un salto y sintió la lluvia sobre él, desapareciendo su tristeza de un solo golpe, surgiendo ahora en él la felicidad. No existen palabras para describir el goce que aquel entonces solitario árbol sintió al ver regresar a su amiga la lluvia, no bastaría decir que nuevamente se convirtió en el frondoso árbol que había sido antes.

Por su parte la lluvia trajo consigo una sorpresa, rápidamente surgieron nuevos árboles al lado del pequeño, para que éste no se encontrara solo cuando ella se fuese.

De igual forma le explicó todo lo sucedido, le dijo que ella estaría con él para toda la vida, pero que la naturaleza era tan maravillosa que tenía todo bien organizado, le dijo que si siempre lo bañaba con su rocío terminaría haciéndole daño, su cuerpo se debilitaría y no podría mantenerse en pie, de igual forma le explicó que el sol era necesario para nutrirlo, que aunque sintiera que se debilitaba al final se haría más fuerte, igual misión tenía el viento que le quitó sus hojas con el fin que se renovasen y regresara a ser un árbol frondoso y fuerte. Le consoló diciendo que éstos lo habían atacado para hacerlo más fuerte, que eran buenos y nunca tuvieron por intención dañarlo.

De igual forma le dijo que la nieve era necesaria para mantener un equilibrio en la naturaleza, no siempre el sol arderá, ni el viento soplará, a veces la nieve utilizará su poder para controlar la temperatura de la tierra.

Por último dijo que cada cierto tiempo ella se iría, vendría el sol con sus rayos, el viento con su soplo y la nieve con su frío, entonces ella regresaría y se divertirían nuevamente, todo esto como parte del ciclo de su vida y la de sus nuevos compañeros.

El árbol comprendió todo perfectamente y le prometió a la lluvia convertirse en un gran árbol, más de lo que ya era y que ayudaría a sus compañeros a alcanzar el mismo objetivo.

Prometieron nuevamente estar juntos para toda la vida y así lo hicieron por el resto de sus días.

Fin

 
 
 

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